
Lo vemos en los niños y en los ancianos; Lo vemos en el espejo, día a día, imperceptible pero constante. El tiempo.
Nos deja marcas profundas e indelebles, en el cuerpo y en la cara, pero sobre todo, en ese lugar recóndito y profundo que habita dentro de nuestro ser. Alegrías, tristezas, recuerdos e historias mil se acumulan en ese frasco transparente y sinfin que es nuestra memoria. Un frasco que abrimos y cerramos a nuestro antojo para buscar caras perdidas encontrando muchas de ellas mientras otras, menos relevantes, van quedando relegadas al fondo de donde sin esfuerzo o ayuda externa, no podrán salir jamás.
Igual pasa con los objetos cotidianos, esos que atestiguan nuestras vidas. Esa alacena basta y fuerte que durante tantos años retuvo los alimentos que la abuela administraba como si le fuera la vida (y es que en algún momento, entre sus historias, le fue) vio con complicidad nuestras pequeñas manitas buscar entre las cajas de galletas y el chocolate de la merienda; las del joven despistado que tras buscar el cartón de leche olvidaba la puerta abierta… y las de la madre enérgica que llenaba las estanterías mientras corría detrás de unos enanos.
El escritorio aquel que tantos papeles custodió, vio al abuelo y al padre trabajar y enseñó a los niños a jugar a que trabajaban.
El banco de ordeñar las ovejas, pasó bochornosos veranos en el establo mientras que, en el invierno, agradecía el cálido peso del humano.
Todos ellos fueron parte de varias historias: la suya propia y la de todos los que con ellos convivieron. Hoy, piden a gritos una nueva oportunidad. El tiempo y el paso por nuestras vidas les ha marcado y como en nosotros, su piel se ha agrietado o descolorido y sus esqueletos han comenzado a ceder pero sus memorias siguen intactas al igual que tus recuerdos. Recupérales, dales nueva vida y hazles importantes de nuevo. Aprovecha el trabajo de manos anteriores o deja en ellos si quieres, tu huella pero sobre todo, conviérteles en mensajeros de nuestra historia para nuevas generaciones a quienes, además de explicarles nuestras costumbres, les dejaremos el mensaje claro de haber hecho lo que estaba en nuestras manos por mejorar el medio en que les tocará vivir.
Qué buena reflexión. Si tan sólo hiciera pensar a las actuales generaciones tan “light” y para las que todo es descartable y sustituible…
Por suerte, el ejemplo es poderoso y a través de los que pensamos como tú, algo se puede hacer.
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