-«Ma. Teresa te llamas, ¿no?
-«Si»
-«Todos estos años te he visto crecer desde lo alto de ese armario. ¡Cuántas vidas he visto pasar! Pensaba que era importante cuando mis dorados resplandecían, en cambio sólo ahora, cuando mi brillo se desvanece, es cuando te fijas en mí y me rescatas»
-«Sólo ahora te he sentido vibrar. No sabía nada de tí hasta que pude verte con los ojos del alma. Pero cuéntame, cuéntame, mientras te engalano, la primera parte de la historia de tu vida»
-«Corrían los años 1890-1900 cuando mi vida era plena. Estaba llena de juventud y mis dorados y mis esmaltes me otorgaban la cualificación necesaria para estar allí.
¡Era un lugar espectacular! El lujo de la decoración Luis XVI y la suntuosidad, envolvían el ambiente: pinturas de grandes artistas decoraban los techos; divanes, estatuas de bronce y tapices hacían de la estancia el lugar adecuado para recibir a literatos y aristócratas, políticos y militares en cenas, tertulias y actividades nocturnas de alegre devenir.
Yo pude verlo y vivirlo… aaahh!! Llevé el café a Hemingway en más de una ocasión… el «Bistec a lo Fornos» era el plato preferido del escritor Menéndez y luego, lo que pasaba allí abajo (shhh!) eso no se podía contar… pero ahora, qué más da!!
Pues allí hizo Machado más horas que un reloj. También otros personajes conocidos de la aristocracia que dispuestos a disfrutar de la doble vida que el lugar les permitía, llegaron a mezclarse con la gente «normal» ¡Incluso algún que otro rey vino a disfrutar de la música y la belleza que allí se ofrecían!
Pero bueno, volviendo a mí! Yo era una de las bandejas preferidas por la jefa y me reservaban el papel más importante de todos: servirles a ellos y a sus amigos. No era la más lujosa, eso no… pero sí la más cuidada. Mis espaldas están hoy cansadas de cargar platos y bebidas de arriba abajo!
Qué recuerdos (suspira)… Llegaron luego tiempos convulsos y el Señor Manuel Fornos, hijo del Sr. Fornos y la jefa, se quitó la vida en uno de los reservados. A partir de ahí, todo fue cuesta abajo. Viendo lo que se venía, y buscando el bienestar de mi futuro, mi jefa me regaló a una buena amiga. Tu abuela.»
-«Pero yo te vi siempre en casa de mi madre»
-«Tu abuela me guardó y cuidó hasta el gran día. Cuando me convertí en el regalo de nupcias. Aquello de …algo usado… ¿sabes? Desde ese día que fui recibida con mucho cariño, estuve encabezando aquel armario y una vez más, viendo la vida pasar a mi alededor. Te vi correr, reír, estudiar hasta convertirte en una mujer… y por eso siento que hoy, que estoy en tus manos, comienza una nueva etapa llena de color»